Emprende bien, pero mira con quién

Parafraseando la famosa frase queremos hacer hincapié sobre la vital importancia que tiene a nuestro entender la elección de un socio o compañero de viaje a la hora de emprender un proyecto empresarial. Tengamos en cuenta una máxima de la raza humana que viene a decir que el hombre es un ente grupal y que se hace fuerte cuando se rodea de otros individuos y en el mundo de la empresa pasa algo muy parecido, aunque con ciertas salvedades.

Es básico distinguir entre un socio capitalista, un socio activo y un compañero de fatigas. El primero se debería limitar a poner dinero y cobrar sus beneficios a final de ejercicio y el último es el “compadre” que nos pone el hombro para llorar, con el que nos tomamos algo los días malos y buenos pero con el que no contamos a la hora de tomar una decisión y que de ningún modo nos influencia o sesga. El segundo que hemos comentado, el socio activo, es el verdadero socio dentro de un proyecto empresarial.

En muchas ocasiones, este socio no aporta capital económico, pero aporta algo mucho más escaso e importante, capital intelectual y liderazgo. El socio debe sumar, nunca restar. Cuando comento la palabra restar no me refiero a que en el 100 % de ocasiones esté de acuerdo contigo (lo cual denotaría pasividad y pasotismo) sino a que sea una persona que rebaje el valor añadido del proyecto.

Un líder, tanto de acción como de palabra, puede ser un magnífico socio siempre que sepa escuchar y reconozca que no existen verdades absolutas.

Cuando se inicia un proyecto empresarial, el mayor activo es el propio servicio o producto, por lo que alguno de los socios debe conocer la clave de este proyecto a la perfección y liderarlo y el resto de los miembros del proyecto deben asumir roles complementarios como el trabajo, el capital, la ilusión, etc…

Es muy positivo que todos los socios conozcan y participen en la totalidad de los ámbitos y procesos de la empresa, pero es igualmente necesario que cada uno de ellos lidere una de estas facetas y no ejerzan la política del “perro del hortelano” el cual ni comía ni dejaba comer. Es muy habitual la figura del responsable que mete la nariz en las parcelas directivas de los demás criticando y poniendo trabas, los cual va en menoscabo del trabajo diario y supone un desgaste muy importante que en muchas ocasiones ha llevado al fracaso a muchas empresas.

Otro factor vital para que una relación entre socios funcione es la confianza mutua y la capacidad de delegación de trabajo. A nuestro entender, las reuniones mensuales son importantes en la cúpula directiva de cualquier empresa (momento en el cual deben exponerse las dudas, problemas y recomendaciones); pero tras finalizar estas reuniones debemos confiar plenamente en el trabajo que va a desarrollar nuestro socio y no ponerlo en solfa.

Le experiencia y observar diferentes casos de éxito nos ha demostrado que personas totalmente antagónicas pueden emprender juntas sin problema alguno siempre que exista un respeto y honestidad en el trabajo y las ya citadas complementariedad y confianza.

Resumiendo; el camino se lleva con más alegría si tienes alguien a tu lado que te ayuda a elegir el más adecuado y que te levante cuando caes pero..no a cualquier precio.

Como decía el otro: “Mejor sólo que mal acompañado” a lo que añadimos “Emprende bien…pero mira con quién”

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